Por

Neoliberalismo y corrupción

banner2

La pregunta no deja de transitar en el ámbito de las políticas públicas, entrada ya la segunda década del siglo XXI: ¿Qué es la corrupción? Tal pregunta, nunca dimite como cuestionamiento central de la filosofía política contemporánea, porque es la corrupción, una sombra que nunca nos abandona, y pareciera que cada día extiende más y más sus dominios. Cabe la pregunta pues, de porqué parece inextirpable la corrupción como forma paralela obligada en el quehacer público del país.

El fenómeno de la agudización de la corrupción en nuestros tiempos, es porque se ha instaurado entre nosotros el modelo neoliberal, el cual derogó las ideologías, abolió de paso los supuestos doctrinarios de los partidos políticos ―sobre todo los de aquellos en el poder―, llegando al extremo de que los sujetos que conforman los partidos y que de alguna manera después pasaran a ser parte sustancial de la estructura administrativa, no están obligados a responsabilizarse de una doctrina que sea éticamente congruente con su labor pública.

En un modelo cuyo eje es el dinero, evidentemente irán emergiendo sujetos potenciados en la especialidad de corromper y ser corrompidos. De ahí la peculiaridad del político corrupto contemporáneo: dada la ausencia de la rectitud ideológica y doctrinaria, ese tipo de político ha extendido su facultad de saqueo inmisericorde y ha ensanchado de manera demencial, su absoluto desinterés por el bien público.

De ahí que sea obligado que quienes vivimos sumergidos en la política, debamos volver a los principios del análisis filosófico de la misión del político ante la sociedad. Hoy día, la crítica al modelo neoliberal es parte de nuestra obligación como partido de izquierda. El neoliberalismo no es tan siquiera un postulado humanista en la dimensión de las aspiraciones humanas.

El neoliberalismo no tiene un proyecto de justicia social en tanto sólo es un mecanismo derivado del proceso evolutivo del capitalismo que busca a toda costa la maximización de las ganancias por encima del bien común. Ha llegado sin duda, la hora en que desde la izquierda comencemos a establecer con más precisión ―derivando normas desde la legislación―, el vínculo destructor habido entre el modelo económico y el lacerante fenómeno de la corrupción.

* Presidente del PRD en Jalisco

Publicado en: http://www.cronicajalisco.com/notas/2014/10923.html

Por

Ruta 368: eso no fue un accidente

Juan Carlos Guerrero Fausto

En un acto de aparente firmeza y rectitud política –ante el brutal accidente del pasado viernes, en que un camión urbano de la ruta 368 atropelló a más de 20 personas, la mayoría estudiantes de la Preparatoria 10 de la Universidad de Guadalajara– el gobernador Aristóteles Sandoval anuló el reciente aumento del costo del pasaje, y lo regresó al de seis pesos.

Decimos que es un acto de aparente rectitud política, porque está claro que de fondo más que los intereses y la seguridad de la ciudadana, lo que a Aristóteles le preocupa es salvaguardar su popularidad, misma que con el tema del trasporte público ha entrado en una situación crítica.

Y es que a estas alturas, para todos los jaliscienses es claro que el talón de Aquiles del gobernador es la ya insoportable problemática que representa el transporte público en Guadalajara y la zona conurbada. Y digámoslo con todas sus letras, ha sido el mismo Aristóteles Sandoval Díaz quien con sus omisiones y evidente desprecio por la ciudadanía –en especial con aquellos que votaron por él en la pasado elección– el que más ha complicado esa situación. Primero incumpliendo su promesa de campaña de no permitir un aumento el precio del transporte; después, aceptar el aumento y no hacer nada ante la eterna farsa de los concesionarios por “mejorar el servicio”.

Cuando el Partido de la Revolución Democrática interpuso una acción legal en contra del aumento, nos acusaron de frívolos. La tarifa de siete pesos era insostenible dado que el problema de fondo no es la recaudación de más dinero para los concesionarios, sino la restructuración sustancial de todo el modelo de transporte público en la ciudad.

El ultimo error del gobernador –en esta infame cadena de desatinos que tan terriblemente han agraviado a la ciudadanía– en el rubro del transporte público, ha sido la indignante pantomima de asumir una postura justiciera revirando el aumento, como queriendo conjurar un enorme problema que él, como máxima autoridad del gobierno del estado, propició.

Desde nuestra perspectiva, la brutal desgracia ocurrida el viernes pasado, en donde la joven estudiante María Fernanda Vázquez lamentablemente perdió la vida, no fue un accidente. El accidente como tal, es un hecho impredecible que surge ahí donde –y luego de muchos cuidados– nadie se lo espera.

En el caso del sistema de transporte público de Guadalajara, y debido a la siempre sabida negligencia e indolencia de autoridades públicas y concesionarios del transporte urbano, todo nos indica que más pronto que tarde, –como finalmente sucedió– el accidente ocurrirá. No se le puede llamar de ninguna manera “accidente” a un hecho derivado de la corrupción en un esquema donde todo falla: desde un gobernador que se hace de la vista gorda, hasta las autoridades que expiden los permisos para que circulen vehículos totalmente inhabilitados para hacerlo, pasando por concesionarios depredadores que no se inmutan ante el peligro que sus automotores representan y, por último, pasando por los mismos choferes de los autotransportes, psicotizados muchos de ellos debido a los sueldos miserables que reciben, y que están dispuestos a asesinar a mansalva en caso de un accidente –y por unos cuantos pesos– a los usuarios heridos, echando la unidad en reversa como se comprobó e hizo Leopoldo Martín Soberano Castro, chofer que ocasionó el accidente en la Preparatoria 10.

La naturaleza del sistema de transporte público está viciada de origen: el error, el accidente, la falibilidad, la negligencia son parte sustancial de su condición. De ahí que nos negamos a aceptar a la adolescente fallecida y los demás heridos como “víctimas de un accidente”.

Lo que ahí ocurrió fue un crimen que ahora inescrupulosamente sólo se le está endilgando al chofer del midibus, cuando los jaliscienses sabemos perfectamente que ese individuo sólo es el ejecutor final de una amplia red de actores irresponsables, que al día de hoy –y en las sombras que siempre han vivido–, ignoran la sangre derramada por jóvenes inocentes que siendo pobres, no tienen más opción que arremolinarse en masa en las paradas del camión, para ser transportados a sus destinos de la manera más infame imaginada.

Y el gobernador con la orden de bajar el precio, nos ha dado evidencias a todos los jaliscienses de la ineptitud de su gobierno, puesto que fue hasta que ocurrió el terrible accidente que sus asesores se dieron cuenta de que los concesionarios del transporte, no habían cumplido con los compromisos adquiridos para el mejoramiento de las unidades y el trato con los usuarios, a razón del aumento de la tarifa del transporte del pasado 22 de diciembre del año pasado.

La pregunta surge sola: ¿Por qué no sabía el gobierno de Aristóteles de esa grave omisión por parte de los concesionarios?, como ciudadano sólo me queda pensar que, no lo sabía simplemente porque no le importa. Que como gobernador ignora la tensión diaria que padecen a diario los usuarios, ya que por el simple hecho de tomar un camión para ir a trabaja o estudiar, saben que se la están jugando. El escenario mismo del desafortunado accidente al que hemos estado aludiendo, nos permite visualizar las formas de vida urbana a las que nos ha condenado el repugnante sistema de transporte urbano de la ciudad.

Todo sea por cuidar la maximización de las ganancia de los concesionarios que a costa del sacrifico de los usuarios, y de los infames sueldos que se le da a los choferes, sostienen un “modelo” de explotación extrema que de manera constante, cobra las vidas de muchas personas.

Ante esto, el PRD dice: ¡Basta! ¡Ya basta de tanta infamia y desprecio por la vida los jaliscienses! La situación del transporte público de la ciudad ya hace mucho que dejo de ser critica, y se convirtió en una de las formas cotidianas más visibles de la decadencia de una sociedad.

Hoy es el día, este es el momento en que a pesar del dolor que nos causa el saber que una vida prometedora se ha apagado –a causa de la negligencia–, que todos como sociedad, unidos contra el miserable trato que como usuarios recibimos de las autoridades y de los dueños del trasporte público, digamos a una sola voz ¡Basta!

*Dirigente estatal del PRD

Publicado en: http://www.lajornadajalisco.com.mx/2014/03/11/ruta-368-eso-no-fue-un-accidente/