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Dip. Celia Fausto en #Entrevista

Celia Fausto Lizaola

La diputada local del PRD, Celia Fausto, sostuvo una entrevista el día 25 de noviembre del 2013 con el periodista Ernesto Villalpando, se transmitió a través del 1280 de AM.

Compartimos un fragmento de la plática que tuvieron.

@CeliaFausto
@villalpandoE

#Entrevista Dip. Celia Fausto a través del 1280 de AM

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Educación es progreso

Triste situación es la de aquellos países en los que año tras año, los sectores sociales más politizados de una sociedad deban recordarles a sus gobernantes que la inversión en la educación es la mejor de las apuestas para que una nación prospere. Como si una necesidad de primer orden como lo es la exigencia de una progresiva y creciente inversión en el sistema educativo tuviera que justificarse.
México es uno de esos países paradójicos en el que los partidos políticos de tradición progresista como lo es el Partido de la Revolución Democrática (PRD), deben enfrentarse constantemente al gobierno en turno para “convencerle” de que la inversión en un modelo educativo fuerte, aliviaría de muchas formas el estrecho futuro al que a diario se enfrentan millones de mexicanos.
A pesar de que en los últimos 10 años ha habido en nuestro país un ligero crecimiento en la inversión –lo cual coloca el gasto anual para educación en el 6.2% del PIB– la apuesta sigue estando en niveles apenas aceptables, dado que la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) sugiere que la inversión mínima sea del 6.5% del PIB.
Luego de meses de lucha por parte de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en la capital del país, de una reforma educativa aprobada sin considerar a todas las partes aludidas en el campo de la educación, luego del casi invisible –en los hechos– aumento porcentual antes mencionado en el presupuesto para el área educativa, por todos lados se hace evidente que la inversión no es suficiente.
Es evidente que nos urge como nación convenir a todas las fuerzas sociales a formular una gran cruzada para exigirle al Estado mexicano que libere una mayor inversión del gasto público para la educación. No hablamos ya de las pequeñas dosis presupuestales para malamente sobrevivir, a las que el Estado mexicano nos tiene acostumbrados. Por el contrario, hablamos de una inversión sustancial que en verdad haga la diferencia entre un modelo educativo y otro.
La educación no es un tema intrascendente, es la pieza capital para proyectarnos como nación hacia el futuro. Consiente de esa vital exigencia para el progreso de nuestro país, el PRD ha venido dando la batalla a nivel federal para que se incremente el gasto público dirigido a la educación.
Como grupo parlamentario, le hicimos llegar ese reclamo al secretario de Educación, Emilio Chauyffet Chemor, durante su comparecencia en el Senado de la República.
A pesar de ese aumento del 6.2%, el crecimiento no logra verse materializado ni en las aulas, ni en los sueldos de los profesores que hasta el día de hoy siguen en una incansable serie de luchas reivindicativas en la capital del país. Una parte de la explicación del terrible vacío que significa el rezago educativo en México, se encuentra en que durante muchos años, la inversión del presupuesto para la educación pasaba –y en cierta medida se desvanecía– por los filtros del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) cuya otrora poderosa líder, Elba Esther Gordillo, utilizaba dichos recursos para crear desde ese sindicato, estrategias políticas que beneficiaran al partido en el poder, fuera el PRI o el PAN.
Es a partir de esos mecanismos secretos y discrecionales habidos en el uso de los recursos para la educación, que ocurrían esos indignantes contrasentidos en los cuales, por un lado la OCDE aplaude que México tenga uno de los gastos presupuestarios de inversión educativa más altos de ese organismo, pero que por el contrario, nuestro país cuente con el mayor número de jóvenes –más de siete millones– que deberían estar estudiando, pero que no lo hacen por falta de una digna infraestructura.
Magia sindical a la mexicana pues: desaparecían los fondos presupuestales para la educación, y reaparecían como propiedad de los líderes sindicales de los trabajadores de la educación en forma de mansiones en San Diego o en forma de costosas cirugías plásticas. Prácticas deleznables que tanto daño le han hecho al actual modelo educativo nacional.
Con el encarcelamiento de la nefasta lideresa en febrero del año en curso, muchos pensaron que habría una gran oxigenación para la educación en el país. Hoy, cerca de un año de su encarcelamiento, vemos que la detención fue más un ardid mediático del gobierno entrante, que la ejecución clara de un gran proyecto de transformación del modelo educativo en México.
Aún con Gordillo en la cárcel, las cosas en la educación siguen igual, o peor.
Está claro que el gobierno peñista no logra comprender que son los de México una serie de males sistemáticos cuyo núcleo es el precario modelo educativo con el que contamos. Problemáticas como el narcotráfico, el desempleo o la pobreza extrema cuasi perpetua que padecen millones de mexicanos, se originan en buena medida en la precariedad del sistema educativo.
En el plano de la evolución global a la que estamos sujetos desde principios de los años ochenta, se ha comprobado que los rezagos sociales, culturales, económicos y tecnológicos, son derivados directos de una pobre inversión en el sistema educativo.
Además de esto, pocos sabían en esos años, que con la evolución del neoliberalismo en México llegaríamos a un punto en el cual este modelo chocaría con una Constitución Política que usa palabras que le resultan ininteligibles como gratuidad. De ahí proviene en parte el notorio desentendimiento del Estado mexicano respecto a sus obligaciones constitucionales de proveer educación gratuita de calidad. Y es desde ese fundamento –el del reclamo de una educación gratuita y de calidad– que nuestro partido continúa luchando de manera incansable.
El más reciente logro es que a instancias de nuestro instituto político, el PRD contribuyó para que en la reciente aprobación del Presupuesto para el año 2014, se reasignaran cerca de 64 mil millones de pesos más para gasto en rubros como infraestructura, el campo y la educación, donde uno de los mayores intereses es la generación de sistemas de apoyos económicos para alumnos de escasos recursos, así como la implementación de un programa nutricional para los estudiantes.
Como está visto, las batallas por la creación gradual de un modelo educativo más digno continuarán, y sin duda, en el foco de esa lucha nuestro instituto político estará siempre presente.

Juan Carlos Guerrero Fausto

Publicado en: http://www.lajornadajalisco.com.mx/2013/11/21/educacion-es-progreso/

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Juan Carlos Guerrero Fausto: Efectos de Libre Convivencia

Opinión Invitada
21 Nov. 13

Dos son los grandes derivados culturales que se han desatado con la reciente aprobación de la Ley de Libre Convivencia: primero, la nueva ley da a los jaliscienses la certeza de que estamos ante una nueva dimensión los derechos humanos, en la cual se fortalece la noción social de que en realidad todos somos iguales ante la ley. Esta certeza permite desplegar nuevos escenarios sociales en los que empezarán a desplazarse actores, antes desdibujados por la ausencia de una ley como ésta, condenados a las sombras del Estado de Derecho.

La aprobación de la Ley de Libre Convivencia abre los espacios para la irrupción colectiva de las diversas formas de ser y estar en unión, a las que tienen derecho ahora las personas en nuestra entidad. La visibilización de esas formas de convivencia -que, digámoslo claro, nada tienen de nuevas- tendrán en lo sucesivo un impacto en diferentes niveles de nuestra cultura.

Uno atañe a las posibilidades de despliegue con que cuenta un modelo político fundamentado en la democracia. La aprobación de la ley dejó en claro a los jaliscienses que las posibilidades para construir nuevos y más amplios estatutos de justicia son viables desde el sistema de partidos. La aprobación de la Ley de Libre Convivencia, en términos simbólicos, se convirtió en la ratificación de que desde la política se pueden operar importantes cambios jurídicos que permitirán el alivio en la vida de miles de ciudadanos.

Estos cambios derivarán en la aparición paulatina de un nuevo perfil del “ser tapatío”. Y es ahí donde sitúo la idea del cambio cultural al que me he referido, como derivado de la creación de la ley.

Su aprobación generó un nuevo núcleo de percepción sobre los límites rebasados del hacer político y éste desborde nos convierte, de tajo, en una sociedad con un signo legítimamente moderno. Eso somos luego de la ley.

Al aprobarse, la ley trastocó de manera significativa la condición en que estaban dados los juegos del poder ideológico en Guadalajara. La era de esa lastimosa autoconcepción que teníamos de nosotros mismos como una sociedad conservadora ha empezado a desintegrarse. Esa imagen ha comenzado a desvanecerse, para ser remplazada por la perspectiva de que somos una sociedad ciudadanizada en las múltiples y potentes lógicas de la diversidad social y cultural, de la autonomía del poder ciudadano ante las instituciones de un Estado, cuya mayor razón de ser como entidad pública se cifra en responder a las necesidades de la sociedad.

Segundo: la aprobación de la Ley de Libre Convivencia, sin duda, ha sido un tremendo coletazo que ha fragmentado y hecho visible el verdadero tamaño de un sector del conservadurismo que durante décadas nos convenció de que en Jalisco todos pensábamos igual que ellos.

De ahí mi observación: la aprobación de la Ley de Libre Convivencia es un asunto histórico, ya que es un golpe seco a la era de los artificios del conservadurismo.

Lo vimos en los meses que duraron las severas discusiones, hubo quienes quisieron cerrar, y cerrarnos, los ojos ante una realidad que agraviaba su visión del mundo. La ley pasó y, con ello, los integrantes de esos grupos no sólo perdieron en el marco del debate legislativo, también resultó afectado su capital ideológico.

La ciudadanía no respondió a sus exigencias. Los tapatíos no asumieron en lo colectivo, un agravio que sólo afectó la cosmovisión de un segmento del ultraconservadurismo. He ahí, otro signo importante de los cambios culturales que estamos viviendo en torno a la aprobación de la Ley.

Esos sectores que se opusieron a la ley -mayormente representados por el Partido Acción Nacional- han quedado evidentemente desfondados del respaldo social que tanto presumieron antaño. Los miedos que intentaron propagar a toda costa, no surtieron efecto. Como nunca, ese sector se ha revestido de la derrota. Ahí seguirán, manando extrañeza, ante un nuevo tipo de jalisciense que ha delineado ya su congruencia con los nuevos tiempos.

El autor es presidente PRD Jalisco.

Juan Carlos Guerrero Fausto

@carlosguerrerof

Publicado en: http://www.mural.com/editoriales/nacional/685/1369502/

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Ley de Libre Convivencia: ¡Jalisco ganó!

Se aprobó la Ley de Libre Convivencia. Es por ello que el 31 de octubre de este año es un día histórico. La aprobación se logró con 20 votos a favor de la iniciativa, 15 en contra y una abstención, sin que repercutiera la ausencia de tres diputados. Luego de su paso por la comisión de Derechos Humanos, la iniciativa original se modificó acordándose que no se generara un nuevo estado civil, pero en cambio, aquellas personas que se cobijen en la nueva ley tendrán que firmar un contrato ante un notario público. En el Partido de la Revolución Democrática (PRD) estamos muy satisfechos de luego de casi medio año de que esta ley fue propuesta por nuestro compañero de partido, Enrique Velázquez González, por fin se haya llegado a este desenlace. Es en este tono de celebración que hoy nos envuelve, que debemos felicitar con mucho entusiasmo a las diputadas Verónica Juárez Piña y Celia Fausto Lizaola, quienes también fueron partícipes del proyecto, impulsándolo en todo momento de manera decidida.

En los mismos términos de entrega a la causa de la aprobación de la ley, debemos aplaudir y reconocer por su trabajo a todas aquellas mujeres y todos los hombres que componen los órganos de nuestro partido, quienes de manera comprometida respaldaron día a día la iniciativa. Sin duda, es la aprobación de la Ley de Libre Convivencia uno de los triunfos trascendentes de nuestro partido en el estado de Jalisco. Este logro hace evidente que poco a poco, con un trabajo político constante y decidido, se pueden tejer fuertes alianzas con una sociedad que irrefutablemente es nueva; una sociedad que era tildada de “conservadora”, pero que luego de la aprobación de la ley, ha demostrado que esa concepción que durante décadas nos encasilló a los jaliscienses, por fin ha cambiado. De la misma manera, quiero hacer énfasis en el significado histórico de esta conquista en el nivel de la organización política estatal, destacando la labor de aquellos miembros del Congreso que militan en otros partidos –exceptuando a los representantes del Partido Acción Nacional y tres diputados de Movimiento Ciudadano–, y que a pesar de ello nos acompañaron en esta lucha por los derechos de los jaliscienses.

En este panorama de celebración, es importante destacar también la labor de aquellos que en su momento de manera legítima se opusieron a la propuesta. Queremos reconocer en ellos el que las formas hayan sido cuidadas en lo que respecta a la defensa de los argumentos, que aunque no prevalecieron, permitieron que todos los involucrados en el campo de los debates, hayamos tenido la oportunidad de haber vivido la experiencia de una amplia y profunda discusión –que expuesta de cara a la sociedad– ha sido sin duda una victoria para la democracia. Es por ello que puedo decir, sin duda, que la aprobación de la Ley de la Libre Convivencia es un triunfo histórico para la izquierda en el estado de Jalisco. Reitero esto porque desde el anuncio de la iniciativa, se generó un fuerte debate en torno a dicho proyecto. Dicho debate fue creciendo a lo largo de los meses, siendo las últimas semanas una auténtica batalla de alegatos, de despliegues parlamentarios que nos permitieron ver el buen nivel que hay en el estado en lo que respecta a la capacidad argumentativa de los involucrados. Lo ocurrido en el Congreso del Estado con la aprobación, quedará inscrito en las páginas de la historia como uno de esos momentos icónicos, que no son otra cosa más que la evidencia de que el estado de Jalisco está viviendo ya en otros tiempos. Son estos tiempos un punto de partida para una reflexión que debe estar puesta en los nuevos signos de la política. La misma, deja abierto todo un panorama en el cual se deben repensar una y otra vez concepciones culturales como: ¿Qué significa realmente ser tapatío, qué significa ser jalisciense en la ya segunda década del siglo XXI? Sin duda, la aprobación de la Ley de Libre Convivencia nos da la pauta para pensar en que han quedado asentadas ya las estructuras para reconsiderar una nueva realidad política, en donde las ideas progresistas ya no son sólo eso. Es decir, no sólo son “ideas”, sino que ahora se han convertido en la concreción de una nueva realidad que vendrá a aliviar la condición difusa de vida de un amplio sector de la sociedad. Esta nueva realidad puede ser puesta en relación con esos otros muchos momentos en la historia contemporánea de nuestro estado, en los cuales el pensamiento de izquierda ha sido motor de la reflexión ante el cambio.

Hay que subrayar –y esto sí lo hago con mucha responsabilidad–, que al decir que la aprobación de la Ley de Libre Convivencia nos indica un paso firme efectuado por los grupos progresistas de la izquierda, también debemos soslayar que dentro de esos grupos progresistas encontraremos a miles de tapatíos que profesan la fe católica, y que también apoyaron la iniciativa. Aunque en un momento dado el debate tomó el curso de una confrontación de sistemas de valores morales, nuestro partido nunca perdió de vista el carácter jurídico civilizatorio de la iniciativa de ley, y nos cuidamos en todo momento de no desviar un asunto de carácter público para evitar con ello confrontaciones estériles, mismas que en dado momento nuestros opositores pretendían desatar a toda costa. En el PRD sabemos muy bien que como sociedad, estamos inmersos en una cultura profundamente religiosa, pero también sabemos que dentro de esa cultura, las posiciones cerradas y recalcitrantes son las menos. Ciertamente es la tapatía una cultura religiosa, pero –de manera simultánea– esa cultura es también una cultura abierta, una cultura preclara en los márgenes de la mística del cristianismo, religión que enaltece los derechos de los demás.

En este proceso de debates, hemos visto cómo el catolicismo tapatío es en buena medida un sistema de creencias abierto, moderno. De otra manera no hubiera sido posible tan siquiera enunciar públicamente la iniciativa. Si la Ley de Libre Convivencia pudo ser propuesta, debatida, y finalmente aceptada en siete meses, es porque hoy por hoy, estamos ante una nueva sociedad, y con ello, estamos ante una nueva forma de vivir la espiritualidad. Hay en Jalisco, un nuevo orden de las cosas en el que sus habitantes nos están enviando la señal de que la diversificación de los credos, de las ideologías y de los perfiles ciudadanos iniciados como un cambio cultural –que los especialistas en estudios sociales de la ciudad ubican a fines de los 80–, por fin se está materializando, esto en correspondencia con los nuevos escenarios políticos y sociales. Con la aprobación de la Ley de Libre Convivencia pasamos de lleno a la moraleja humanística derivada del pensamiento Ilustrado: todos somos libres ante la ley, todos tenemos derecho a –en libertad– buscar la felicidad. Es por eso que no debemos perder la perspectiva de este logro.

Hace 30 años, una iniciativa como la que hoy se aprobó hubiera escandalizado a propios y extraños. La ratificación de la ley en el Congreso es la evidencia de que son otros los tiempos. Por ello, hoy los políticos tenemos la obligación de dar voz y recursos jurídicos a esos miles de ciudadanos formados en el pensamiento de la inclusión, de la diversidad y de la ampliación de los derechos. Eso es –lo reitero–, lo que quizás muchos políticos de viejo cuño no pueden comprender –en especial los que se opusieron de manera intensa a la iniciativa de ley–. Es imposible que en el siglo XXI los preceptos religiosos sean parte del argumento de negativa de algunos políticos panistas, que antepusieron sus particulares sistemas de valores y creencias religiosas, como parámetro para juzgar si los ciudadanos merecían o no, contar con una redefinición de sus derechos. Se equivocaron. Así, no funciona la democracia. Perdieron este debate. Y seguirán perdiendo en tanto no asuman con humildad que como partido, están dislocados ante las necesidades de una sociedad que ya los rebasó. Por ultimo no puedo más que decir: enhorabuena para nuestro compañero Enrique Velázquez y para el PRD todo, pero sobre todo, enhorabuena para Jalisco. La aprobación de la Ley de Libre Convivencia es sin duda, el punto de partida de una nueva era para la izquierda en nuestro estado.

Juan Carlos Guerrero Fausto
Dirigente del PRD Jalisco